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Por Maria R.

Cuando era cristiana fui convencida de que los que estábamos en la iglesia o le servíamos al “Señor” no teníamos porqué estar enfermos o vivir en la pobreza. La enfermedad se consideraba un castigo y la pobreza una maldición. El pastor predicaba siempre que teníamos que estar en victoria, pues Jesús había llevado nuestras enfermedades hasta la cruz y también se había hecho pobre (siendo él el rey del universo) para que nosotros fuéramos ricos.

En mi trayectoria, en busca de pruebas que me confirmaran que era real lo de vivir en victoria, fueron muchas las desilusiones que viví. Si Jesús había clavado en la cruz las enfermedades de los que creerían en él, ¿porqué había tantos creyentes enfermos en la iglesia? Si el aceptar a Jesús era sinónimo de vivir en victoria, ¿porqué había tantos creyentes que no salían de la pobreza? Si la pobreza era considerada una maldición, ¿qué pecado tan grande habían cometido esa pobre gente para no ser bendecidos por Dios? ¿No se supone que Dios es todo amor? Las respuestas a esas preguntas siempre eran las mismas: “La gente que no se sana es porque no tienen suficiente fe” o “la riqueza a la que se refiere la biblia es a la riqueza espiritual y no la material.” Para cada pregunta había una respuesta que supuestamente justificaría la condición del creyente.

Cada domingo durante el servicio había un tiempo para que los miembros de la iglesia dieran sus testimonios de los milagros y las bendiciones de Dios. Si era algo bueno, era porque Dios había contestado sus oraciones, pero si era algo malo, le echaban la culpa al diablo. Luego de culpar al diablo de querer robarles la bendición, la iglesia se ponía en ayuno y oración por varios días para “atar” a Satanás. Si al final la oración no era contestada a favor del creyente, era entonces porque Dios – en su infinita sabiduría – así lo quería. O tal vez Dios tenía algo mejor en reserva para darle al creyente. Eran tantas las respuestas que supuestamente justificaban lo que ocurría que ya yo ni sabía cómo pedir (en mis oraciones).

Pero, ¿no se supone que Dios lo sabe todo? y que todo, absolutamente todo lo que ocurre es su voluntad. Si esa era la verdad, ¿para qué necesitaba yo pedirle algo si ya él sabía lo que yo quería o ya él sabía lo que tenía que hacer? Eran muchas las preguntas que cruzaban por mi mente, pero lo que más me molestaba era su silencio. ¿Cómo era posible que él le hablara a otras personas y a mí nunca me dijera nada? La respuesta del pastor a esa pregunta mía era: “Lee la biblia y ahí encontrarás las respuestas a todas tus dudas, pues Dios habla a través de su palabra”. ¡Qué manera de mentirle a uno! Yo leía la biblia día y noche y mis preguntas nunca fueron contestadas.

Mi mayor desilusión por el silencio de Dios fue en una tarde cuando recibí la llamada telefónica de que mi hermana menor estaba grave en el hospital. Ella era diabética. Vivió su corta vida esperando un milagro de sanidad que nunca llegó. Todos los días le decían que tuviera fe porque Dios le podía poner un páncreas nuevo y sanarle los riñones, que ya estaban afectados por la diabetes. En una campaña de sanidad a la cual ella asistió (antes de estar en el hospital) le profetizaron que ya Dios la había sanado, que lo único que tenía que hacer era creerlo por fe. La ilusión de que había sido sanada le duró muy pocas horas, pues cuando se chequeó el nivel de azúcar en la sangre lo tenía altísimo. ¡Qué desilusión para ella! Las mismas preguntas que yo me hacía, ella también las hacía. Lo más triste del caso era que todos le decían que tuviera fe, a lo cual ella respondía que su fe era muy grande. Pero, ¿qué más podía hacer para que Dios tuviera misericordia de ella y la sanara?

Al día siguiente de recibir la llamada viajé hasta el hospital para verla y estar con ella. Al ver las condiciones en que se encontraba – pues ya estaba en coma – no podía entender cómo era posible que una persona como ella que tenía tanta fe no hubiera sido sanada. Volvía yo a hacerme la misma pregunta, ¿por qué Dios permanecía en silencio? Horas más tarde, ella falleció. Cuánto dolor había en mi corazón al escuchar a los cristianos allí presente diciendo que ella había fallecido porque no tuvo suficiente fe para recibir el milagro de sanidad.

Han pasado varios años desde que mi hermana menor nos dejó. Fue más o menos en esta fecha que ella murió. Ahora me doy cuenta que muchas cosas se pudieron haber evitado si ella hubiese conocido la verdad sobre la religión y la no-existencia de Dios. Las respuestas a mis preguntas han sido contestadas. Yo encontré las respuestas cuando descubrí la verdad – una verdad que fue muy dolorosa para mí al momento de descubrirla, y es “que Dios no existe”. Es por eso su silencio. La gente le pide a algo/alguien que nunca ha estado y nunca estará, porque no fue Dios quién creó al hombre, sino el hombre quien creó a Dios.

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Comments:
Blogger resonate11 said...
People are asking for something / someone who has never been and never will be… because it was not God who created man, but the man who created a god.

Amen! Maria, you are wise. But I am so sorry for the emotional suffering you have experienced. I, too, lost my sister to disease despite her great faith in God and the many, many prayers seeking healing.


Blogger Maria said...
resonate11,

I appreciate your kind words. I am sorry for your loss, too.

I wish I knew back then the truth that I know today (that God doesn't exist). Things with my sister and the way to deal with her medical problem would have been different.


Blogger Lorena said...
Excelente articulo, Maria.

Que bien dicho! Como tu has expresado antes, cuando es cristiano, todo termina en culpa.

Si la gente es sanada, gloria a Dios; si no, pues es tu culpa. Que logica mas estupida!

Me encanta la conclusion del articulo: "porque no fue dios quién creó al hombre, sino el hombre quien creó a dios."


Blogger Maria said...
Gracias Lorena,

"Si la gente es sanada, gloria a Dios; si no, pues es tu culpa. Que logica mas estupida!"

Tienes muchísima razón, la lógica de los cristianos no hace ningún sentido. Todas las respuestas que ellos dan son sencillamente palabrería utilizada para justificar la ineficacia de su dios. Si alguien cuestiona o se atreve a valerse de la razón para juzgar una cosa, le responden que a dios no se puede cuestionar y que nadie entiende la mente de dios porque él obra por senderos misteriosos. ...puros pretextos.


Blogger Maria said...
Hoy estuve conversando con una de mis hermanas acerca de nuestra hermana menor (la que falleció) pues en estos días sería su cumpleaños. Todavía mi familia está convencida de que todo fue obra de dios. Unos dicen que él se la llevó al cielo para que no sufriera más los estragos de su enfermedad. Otros dicen que dios es tan bueno y poderoso que hasta le contestó su petición, porque ella un día había dicho que se quería encontrar con nuestra madre (mamá) en el cielo.
Los cristianos no se cansan de dar excusas para justificar las cosas que supuestamente su dios hace. Según ellos, dios es tan bueno que se la llevó para que dejara de sufrir. Pero... si dios es tan bueno, ¿porqué puso esa enfermedad sobre ella para hacerla sufrir tanto? A esa pregunta, ninguno de mis familiares ha podido dar una sabia respuesta. ¡Qué contradicción!


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