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by Lorena

Please beware that his article was originally written in Spanish. Any English versions you may encounter were computer generated and, therefore, the original Spanish meaning may be distorted.

Cuando fui a Salamanca, España, en un museo de Jesuitas me di cuenta que, en los tiempos de la colonia, la Iglesia Católica dudaba que los indígenas Americanos tuvieran alma.

Los Jesuitas, aparentemente, querían que la Iglesia reconociera que nuestros antepasados eran seres humanos, con alma, que debían ser tratados como personas, no como animales.

Pero la palabra oficial era que nuestra gente tenía el mismo valor que los animales, y que por lo tanto no era problema abusarlos, violarlos, y tratarlos como basura.

Aunque parezca que estoy exagerando, debo confesar que cuando leí los documentos, me tuve que sentar a llorar. Recordé mis clases de historia donde aprendí de los abusos de la Corona Española contra los indígenas. Me imaginé a mis antepasados trabajando duro, siendo azotados, derramando sangre, y viendo a sus esposas e hijas siendo violadas por los conquistadores, todo con el consentimiento de la Iglesia Católica.

Unos días mas tarde, en el Alcazar de Sevilla, vi una pintura hecha para conmemorar uno de los viajes de Cristóbal Colón. En ella, el rey, la reina, y el representante de la iglesia ocupaban un puesto relevante, con vestiduras suntuosas y joyas extravagantes. En segundo plano, al lado—si recuerdo correctamente—aparecía Cristóbal Colón, con su atuendo de marinero.

En una esquinita del cuadro habían dos indios en taparrabos, su tamaño como 10% del de los protagonistas. De acuerdo a lo que leí, el retrato simbolizaba la bendición dada a Colón por la Iglesia.

Me parece repugnante que los museos Españoles desplieguen la grandeza de la corona, sin tomar responsabilidad por lo que le hicieron a mis antepasados.

Pero más disturbante aun es el hecho de que mi gente continue adorando al mismo Dios de los conquistadores. Me llena de tristeza observar a mi raza Latina seguir la religión dejada por los colonizadores que nos hicieron tanto daño. ¿Porque, me pregunto, no nos hemos dado cuenta de que si hubiera un Dios en los cielos, El nunca hubiera permitido que los Españoles nos asaltaran, nos robaran, nos humillaran, y tomaran todo lo que teníamos, incluso nuestra estima propia?

¿Como es creer en un Dios que manda gente al infierno mejor que los ritos pre-colombinos, cuando la gente danzaba alrededor del fuego pidiendo lluvia o cosechas?

¿Cuando nos vamos a dar cuenta que toda la devoción que se le tiene a la virgen Maria y a Jesús nunca nos ha ayudado en nada? Seguimos siendo pobres y analfabetos. Seguimos siendo como la gente de Macondo en Cien años de Soledad. Creemos todo lo que nos dicen y cualquier extraño de saco o en túnica nos convence de lo que quieran.

Los Colonizadores Españoles usaron la religión para subyugar a nuestros antepasados. Pero los conquistadores se fueron y nosotros seguimos esclavos, creyendo en un Dios al cual le rogamos y nunca nos da nada, a quien los pobres siguen vehementemente y solo bendice a los ricos. ¿Que clase de Dios es ese? Ya dejemos de escuchar a predicadores falsos y sacerdotes mentirosos pedidores de dinero. Utilicemos la energía para trabajar duro, amar a nuestras familias, gastar el dinero sabiamente, y confiar en nosotros y en la gente que conocemos bien.

En los tiempos de la colonia, nuestros antepasados construyeron iglesias y conventos con sangre, sudor, y lágrimas, mientras ellos continuaban viviendo en tugurios sin ropa ni medicina.

En nuestro tiempo, los más desaventajados van a las iglesias a donar el dinero que le pertenece a sus niños, para que el pastor o el cura tenga un carro nuevo y viva en una casa bonita. ¿Cuando vamos a usar nuestros recursos en cosas reales en vez de en Dioses imaginarios? ¿Cuándo?

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Por Maria

Frecuentemente uno se encuentra con casos de abuso infantil cometidos por personas que están mal de la cabeza, y la gran mayoría son cristianos o siguen algún tipo de religión. Ayer leí una noticia que me impactó en gran manera. Una mujer cuyo hijo falleció en diciembre del 2006 por haber sido privado de alimentos, fue oficialmente acusada de asesinato en primer grado. El niñito tenía apenas 19 meses cuando falleció. La madre, quien al parecer es cristiana, cumplió al pie de la letra las instrucciones de otros miembros de la congregación (o secta) de no darle comida a su hijo porque no quería decir “amén” a la hora de la comida.

Aparentemente, al negarse el pequeño niño a pronunciar esa palabra, los fanáticos religiosos lo acusaron de ser un demonio y por eso lo privaron de toda clase de alimentos. La pobre criatura murió de inanición (hambre). Y me imagino que no fue solamente el abuso físico lo que ese niño sufrió sino también el abuso mental y emocional; porque un niño a esa corta edad es cuando más necesita del cuidado, protección y afecto de sus padres y no fue eso lo que él recibió. Desgraciadamente, otra víctima más de lunáticos y fanáticos religiosos.

Puedes leer la noticia en: http://latino.msn.com/noticias/articles/ArticlePage.aspx?cp-documentid=9276412

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Por Maria

Cuando tenía apenas 7 años de edad, las monjas del colegio donde estudiaba me decían que la lluvia eran las lágrimas de Dios, o sea que cuando llovía era que él estaba llorando. Cuando tronaba (los truenos) era que San Pedro estaba rodando muebles para hacer espacio para la gente nueva que llegaba al cielo. Eran tan fantásticos todos esos cuentos, que a mi corta edad creía que eran verdad. Tanto era así que cuando comenzaba a llover me ponía triste porque no quería que Dios llorara. Me preguntaba qué había hecho yo para provocar el llanto de Dios.

Cuando llegaba el 5 de enero (víspera del cumpleaños de Jesús, celebrado en algunos países el 6 de enero), llenaba una caja de zapatos vacía con grama (hierba) del patio para ponérsela a los camellos de los tres reyes magos. Esa noche se suponía que los tres magos visitaban las casas para dejarles regalos a los niños que se habían portado bien y por supuesto, yo rezaba mucho para que a mí me dejaran algún regalo. Durante la Cuaresma y Semana Santa, eran muchas las tradiciones de carácter religioso que se seguían al pie de la letra—tradiciones que según las monjas eran basadas en las Sagradas Escrituras.

Hoy día, me parecen absurdas todas las fábulas escritas en la Biblia, fábulas que tantos y tantos adultos todavía consideran como ciertas y aún más, las consideran sagradas e imposibles de ignorar. Según ellos, si las ignoras, corres el riesgo de irte derechito al infierno, ¿y quién se va a atrever a ignorar algo que fue “supuestamente” establecido por Dios en su palabra o mágicamente revelado a algunos de sus escogidos? …menos aún, cuando el castigo eterno por ignorar las tradiciones u obligaciones religiosas es el lago de fuego donde te esperan Satanás y sus secuaces.

Cuando medito en todas esas cosas no puedo evitar el sentirme preocupada por la gran cantidad de personas que aún creen en los mitos y fábulas de la Biblia. Me preocupa el hecho de que ellos critican y condenan a otras religiones y sus prácticas religiosas; engañando de esa manera a gran parte del mundo haciéndoles creer que el “cristianismo” es la religión verdadera. Con este comentario no estoy insinuando o diciendo que las demás religiones están correctas, no, lo que quiero decir es que el cristianismo es, al igual que todas las demás religiones, una gran mentira.

He escuchado tantas y tantas veces a cristianos burlándose o condenando a los que pertenecen a otras religiones como hinduismo y budismo, e incluso burlándose de los que creen en astrología. Pero, ¿qué diferencia hay entre Vishnu cuya piel es de color azul porque bebió todo el veneno (de los pecados) del mundo para salvarlo de la destrucción, y Jesús, el hijo de Dios también el salvador del mundo? ¿Qué diferencia hay entre la trinidad Hindu (Tri-murti) que consiste de Brahma, Vishnu y Shiva/Siva, y la trinidad cristiana? ¿Qué diferencia hay entre los que leen el horóscopo antes de irse a trabajar cada mañana, y los que leen la Biblia diariamente para reafirmar su buena suerte reclamando sobre ellos las supuestas promesas de Dios escritas en ella? O, ¿qué diferencia hay entre los que ponen una herradura sobre la entrada de sus casas; soban una pata de conejo; o se cuelgan un crucifijo en el cuello para que los proteja o les dé buena suerte? La verdad es que entre una creencia y otra no hay gran diferencia porque la causa y el efecto de cada una son muy parecidos.

Ciertas tradiciones y supersticiones de las religiones del mundo son parecidas, factor que muestra una vez más que son copias unas de las otras. Por supuesto, también hay diferencias marcadas entre ellas porque a través de los años han sido alteradas y se les han añadido o eliminado ciertos dogmas y creencias; pero el factor común en el origen de todas es el mismo: la imaginación del hombre y el temor irracional a lo que no conocen.

Un cristiano respondería a las preguntas hechas anteriormente de la siguiente manera: “La diferencia entre las creencias y tradiciones de las demás religiones y las del cristianismo es que las otras religiones son falsas y creen en supersticiones, mientras que el cristianismo es basado en la fe y la fe viene por el oir la palabra de Dios.” ¡Qué ignorancia tan grande la de los cristianos! Si al menos ellos usaran la razón y entendieran que la supuesta palabra de Dios (la Biblia) es el libro de fábulas y supersticiones más grande que se haya escrito —fábulas y supersticiones que también yo creía que eran ciertas, hasta el día en que desperté a la realidad de este mundo.

Es increíble que en pleno siglo 21, personas adultas todavía creen en las fábulas, mitos y supersticiones de la Biblia. Si se dijera que son los niños los que mayormente todavía creen, tal vez se entendería, pero los adultos, que tienen la oportunidad de educarse y aprender… ¡no tienen excusas! Ellos prefieren seguir creyendo todo lo absurdo y todas las mentiras con las cuales han sido indoctrinados…pero, como dice el refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver.”

Definitivamente que mientras más lo pienso más me gusta la idea de que el gobierno de Estados Unidos debería de cambiar el lema impreso en la moneda del país, en vez de decir: “In God we trust” debería decir “In a Myth we trust”.

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Por Maria R.

Cuando estaba en el cristianismo, creía firmemente en el asunto de diezmar para poder ser bendecida por Dios. Según dice la biblia, tienes que traer tus diezmos al alfolí para que haya alimento en la casa de Dios. También dice que pongas a Dios a prueba, pues él abrirá las ventanas de los cielos para derramar sus bendiciones sobre ti (si es que diezmas).

Como yo era tan fanática del dios de la biblia, le daba énfasis a ese aspecto de la religión a donde quiera que yo iba. Cada vez que en la iglesia veía a alguien en necesidad (que siempre eran la mayoría), lo primero que les preguntaba era si diezmaban o no. En la gran mayoría de los casos las personas diezmaban. Muchos ni siquiera tenían el dinero completo para pagar la renta de sus casas o para hacer la compra de alimentos de la semana o el mes, pero, sacaban primero los diezmos para echarlos en el plato durante el servicio del domingo. Cuando les preguntaba por qué estaban tan mal económicamente, me respondían que confiaban en las promesas de Dios de bendecirles si diezmaban, y que aunque estuvieran mal de dinero, no le podían robar a Dios y que él sabía lo que hacía porque era omnisciente y todopoderoso. ¡Qué forma tan cruel de engañarse a uno mismo! Fueron muchos a los que ayudé económicamente y según ellos mi bendición y recompensa iba a ser doble, o sea, que en vez de recibir de Dios el ciento por uno, iba recibir el doscientos por uno.

Durante mi trayectoria por diferentes iglesias, pude ver que la historia se repetía en todas y cada una de ellas. Es decir, el pastor y algunos líderes enriqueciéndose y los feligreses, comiéndose un cable (cada vez peor económicamente). Con el pretexto de que el obrero es digno de su salario, los pastores se siguen enriqueciendo a cuenta de los pobres ignorantes (como lo fui yo en el pasado) que son intimidados y engañados con la biblia.

Una de las iglesias a la cual fui invitada en varias ocasiones —famosa por el mensaje de la “súper fe” que predicaban, tenía miles de miembros y todos competían por hacerse millonarios y prósperos. Una familia, de la cual todos eran miembros de esa iglesia, terminó en la bancarrota después de haberle dado todo lo que tenían al pastor de la iglesia. Cuando esa familia después de haber perdido todo, hasta la casa en que vivían, fue a visitar al pastor para pedirle ayuda porque estaban en una gran necesidad, el pastor sencillamente les dijo que no habían sabido aplicar el mensaje de la súper fe correctamente. ¡Qué descarado y sinvergüenza el pastorcito ese! Él le lavaba el cerebro a la gente para que se hicieran ricos y le dejaran el dinero a su iglesia, o sea, a Dios. De haber empezado como un vendedor en una tienda de zapatos, ese pastor llegó a convertirse en millonario con todos los lujos habidos y por haber.

Hubo un caso que me impactó mucho, pues la señora constantemente estaba ayudando económicamente a la iglesia, o sea, al pastor y a los supuestos profetas y diáconos. Además de los diezmos ella entregaba grandes cantidades de dinero cada vez que venía un predicador invitado a la iglesia. A ella la manipulaban constantemente con profecías (igual que a muchos otros), le decían que iba a estar próspera, que iba a viajar a muchos países y que Dios le iba a premiar antes que finalizara ese año con un compañero rico y por tanto iba a dejar de trabajar. Después de esa profecía del supuesto compañero rico fue cuando más dinero ella dio a la iglesia. Han pasado varios años de esa profecía y el compañero rico nunca llegó. La señora está atravesando la peor situación económica de su vida, perdió su crédito, perdió su casa y está a punto de perder el negocio. Dejó de ir a la iglesia al darse cuenta del engaño del que fue víctima, no tiene nada de dinero, pero todavía dice que Dios es bueno.

En la última iglesia que estuve, de la cual fui miembro por varios años, el truco (el engaño) era que teníamos que ayudar a “Israel” porque ellos supuestamente son los escogidos de Dios. (Claro, qué CONVENIENTE para los que escribieron la biblia en aquel entonces, hace cientos de años.) Y si ayudábamos a Israel, Dios nos iba a bendecir. De esa manera fuimos muchos los que caímos en la trampa. Había una viejita en la iglesia que estaba enferma con muchos achaques de la vejez y casi siempre estaba hospitalizada. En una ocasión de esas en que la viejita estaba bajo los efectos de medicamentos muy fuertes (yo fui a verla al hospital y ni siquiera se le entendía lo que hablaba), el pastor aprovechó y fue a visitarla al hospital y muy astutamente la convenció de que le donara a “Israel” todo el dinero que ella tenía en su cuenta de ahorros. Ese día el pastor salió del hospital con un cheque en mano por miles de dólares que la viejita le escribió. Cuando le cuestioné al pastor lo que había hecho él respondió, 'ya ella no va a necesitar ese dinero porque tiene una mansión reservada en los cielos, además, la biblia dice que no hagamos tesoros en la tierra, sino en el reino de los cielos'.

Son tantos y tantos los casos de injusticia que vi cuando estaba en el cristianismo que si hoy día todavía estuviera en la religión me daría vergüenza el que me identificaran como cristiana. Ese cuento de que las iglesias son organizaciones sin fines de lucro es una vil mentira. Las iglesias son un tremendo negocio—por eso es que hay una en cada esquina y el gobierno no hace nada para detener a los charlatanes (a los pastores). El gobierno debería de poner a todas las iglesias del país a pagar impuestos y a rendirle cuentas al gobierno de lo que hacen con las finanzas. Tal vez esa fuera la única manera de hacer ILEGAL el robarle a los ignorantes y supersticiosos feligreses; porque eso es precisamente lo que hacen las iglesias, robándoles a los feligreses con el cuento de que le tienen que dar su dinero a Dios. Y como Dios no existe, quien está recibiendo todo ese dinero son los pastores. ¡Tremendo negocio!



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By Lorena

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Cuando me di cuenta de que Betancourt había sido rescatada de manos de las FARC, me alegré tanto que hasta derramé un par de lágrimas.

Mi alegría, sin embargo, fue interrumpida cuando la escuché hablar en su primera conferencia de prensa. “Le pedí tanto a la Virgen,” dijo, de sus oraciones en la selva Colombiana.

Dios, Jesús, y la Virgen fueron los recipientes de su más fervoroso agradecimiento. También agradeció a las autoridades y al gobierno Francés. Pero no la oí agradecer a su esposo y a sus hijos por haber mantenido la presión diplomática.

Los familiares de Betancourt nunca se dieron por vencidos, constantemente presionando al presidente Colombiano y apelando por ayuda internacional. Por años la familia no permitió que nos olvidáramos de que Ingrid estaba prisionera.

Pero cuando fue liberada, le dio gracias a Dios, no a su familia que hizo lo correcto: en vez de hincarse a orar y a esperar que Dios hiciera algo, lo hicieron ellos mismos.

Lo interesante es que, a esas alturas, Ingrid probablemente no sabia del esfuerzo de su familia, a si que podríamos decir que fue la ignorancia la que la movió a acometer el error. Pero otros cristianos cometen la misma injusticia, a pesar de saber exactamente quien fue la persona que les asistió.

Si, la religión hace a la gente desagradecida. Esto lo viví personalmente cuando era cristiana. Casi cada vez que me maté ayudándole a alguien a resolver un problema, el agradecimiento lo recibió Dios, y yo—injustamente—solamente con la satisfacción del deber cumplido.

Viviríamos en un mundo mejor si en vez de esperar que un Dios imaginario resuelva nuestros problemas, y si en vez de agradecerle a un Ser invisible, tomáramos cargo de nuestras vidas y le agradeciéramos a las personas que realmente nos ayudan.

Nota: Que Betancourt sea Cristiana no cambia el hecho de que su liberacion sea motivo de regocijo.




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Por Maria R.

Cuando era cristiana fui convencida de que los que estábamos en la iglesia o le servíamos al “Señor” no teníamos porqué estar enfermos o vivir en la pobreza. La enfermedad se consideraba un castigo y la pobreza una maldición. El pastor predicaba siempre que teníamos que estar en victoria, pues Jesús había llevado nuestras enfermedades hasta la cruz y también se había hecho pobre (siendo él el rey del universo) para que nosotros fuéramos ricos.

En mi trayectoria, en busca de pruebas que me confirmaran que era real lo de vivir en victoria, fueron muchas las desilusiones que viví. Si Jesús había clavado en la cruz las enfermedades de los que creerían en él, ¿porqué había tantos creyentes enfermos en la iglesia? Si el aceptar a Jesús era sinónimo de vivir en victoria, ¿porqué había tantos creyentes que no salían de la pobreza? Si la pobreza era considerada una maldición, ¿qué pecado tan grande habían cometido esa pobre gente para no ser bendecidos por Dios? ¿No se supone que Dios es todo amor? Las respuestas a esas preguntas siempre eran las mismas: “La gente que no se sana es porque no tienen suficiente fe” o “la riqueza a la que se refiere la biblia es a la riqueza espiritual y no la material.” Para cada pregunta había una respuesta que supuestamente justificaría la condición del creyente.

Cada domingo durante el servicio había un tiempo para que los miembros de la iglesia dieran sus testimonios de los milagros y las bendiciones de Dios. Si era algo bueno, era porque Dios había contestado sus oraciones, pero si era algo malo, le echaban la culpa al diablo. Luego de culpar al diablo de querer robarles la bendición, la iglesia se ponía en ayuno y oración por varios días para “atar” a Satanás. Si al final la oración no era contestada a favor del creyente, era entonces porque Dios – en su infinita sabiduría – así lo quería. O tal vez Dios tenía algo mejor en reserva para darle al creyente. Eran tantas las respuestas que supuestamente justificaban lo que ocurría que ya yo ni sabía cómo pedir (en mis oraciones).

Pero, ¿no se supone que Dios lo sabe todo? y que todo, absolutamente todo lo que ocurre es su voluntad. Si esa era la verdad, ¿para qué necesitaba yo pedirle algo si ya él sabía lo que yo quería o ya él sabía lo que tenía que hacer? Eran muchas las preguntas que cruzaban por mi mente, pero lo que más me molestaba era su silencio. ¿Cómo era posible que él le hablara a otras personas y a mí nunca me dijera nada? La respuesta del pastor a esa pregunta mía era: “Lee la biblia y ahí encontrarás las respuestas a todas tus dudas, pues Dios habla a través de su palabra”. ¡Qué manera de mentirle a uno! Yo leía la biblia día y noche y mis preguntas nunca fueron contestadas.

Mi mayor desilusión por el silencio de Dios fue en una tarde cuando recibí la llamada telefónica de que mi hermana menor estaba grave en el hospital. Ella era diabética. Vivió su corta vida esperando un milagro de sanidad que nunca llegó. Todos los días le decían que tuviera fe porque Dios le podía poner un páncreas nuevo y sanarle los riñones, que ya estaban afectados por la diabetes. En una campaña de sanidad a la cual ella asistió (antes de estar en el hospital) le profetizaron que ya Dios la había sanado, que lo único que tenía que hacer era creerlo por fe. La ilusión de que había sido sanada le duró muy pocas horas, pues cuando se chequeó el nivel de azúcar en la sangre lo tenía altísimo. ¡Qué desilusión para ella! Las mismas preguntas que yo me hacía, ella también las hacía. Lo más triste del caso era que todos le decían que tuviera fe, a lo cual ella respondía que su fe era muy grande. Pero, ¿qué más podía hacer para que Dios tuviera misericordia de ella y la sanara?

Al día siguiente de recibir la llamada viajé hasta el hospital para verla y estar con ella. Al ver las condiciones en que se encontraba – pues ya estaba en coma – no podía entender cómo era posible que una persona como ella que tenía tanta fe no hubiera sido sanada. Volvía yo a hacerme la misma pregunta, ¿por qué Dios permanecía en silencio? Horas más tarde, ella falleció. Cuánto dolor había en mi corazón al escuchar a los cristianos allí presente diciendo que ella había fallecido porque no tuvo suficiente fe para recibir el milagro de sanidad.

Han pasado varios años desde que mi hermana menor nos dejó. Fue más o menos en esta fecha que ella murió. Ahora me doy cuenta que muchas cosas se pudieron haber evitado si ella hubiese conocido la verdad sobre la religión y la no-existencia de Dios. Las respuestas a mis preguntas han sido contestadas. Yo encontré las respuestas cuando descubrí la verdad – una verdad que fue muy dolorosa para mí al momento de descubrirla, y es “que Dios no existe”. Es por eso su silencio. La gente le pide a algo/alguien que nunca ha estado y nunca estará, porque no fue Dios quién creó al hombre, sino el hombre quien creó a Dios.

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